Mis compatriotas estadounidenses: somos bufones

Margot Kidder es actriz y activista en Montana, Estados Unidos. La mujer que interpretó el personaje de Louis Lane en las películas de Superman, rompe los eufemismos y las mentiras de la neolengua orwelliana, y se deja hablar…

Traducción de contranatura.org, del original inglés publicado el 29 de julio de 2016 por counterpunch.org


Civilians bombed in Aleppo by the USA

Civiles bombardeados por Estados Unidos en Alepo, Siria, el 19 de julio de 2016. (Foto: Thaer Mohammed | AFP | Getty Images)

Hay algo que intentaré explicar aquí después de observar la Convención Nacional Demócrata esta noche, algo que provocará el desprecio de muchos de mis amigos. Pero las palabras se embalsan en mi garganta y mi estómago se retuerce y enferma y tengo que vomitar esto afuera. La aversión por Estados Unidos dentro de mí está por explotar y sólo el dios de la tierra sabe cómo, porque mi cólera está más allá de toda medida. Y yo, por herencia, “medio americana” en un sentido que me hace “más americana” que casi todos en este país exceptuando a los verdaderos americanos, los indios americanos, estoy en profunda negación esta noche de que soy, como ustedes, “americana” también.

Soy medio canadiense, y fui criada allá con valores muy diferentes a los que ustedes estadounidenses se adhieren, y esta noche -después del interminable fanfarroneo y griterío sobre la grandeza del militarismo estadounidense, y las loas por la fortaleza del ejército estadounidense, jactándose de que estamos arrasando con ISIS, y que Estados Unidos es el país más poderoso del planeta, y la necia historia de la mujer cuyo hijo murió en la guerra de Obama y cómo se puso a llorar de gratitud en el hombro de Obama- esta noche me siento profundamente canadiense. Cada sutil lección que me dieron cuando niña sobre los matones más allá de la frontera y su rudeza y su falta de educación y su derecho autoerigido de bombardear a quienes quieran en el mundo por la única razón de querer algo que el otro país tiene, y su codicia, vinieron vibrantes a la superficie de mi conciencia.

Acabo de retornar de una caminata más bien salvaje más allá del Río Yellowstone, aquí en Montana, intentando permitir que las montañas en la distancia me reconecten con algún lugar de paz en mi espíritu, pero no lo pude encontrar. El escenario estaba tan exquisito como siempre, pero simplemente no podía tocar la cólera de mi corazón. La vision de todos los niños muertos en Siria que Hillary Clinton ayudó a matar; los niños despedazados por las bombas lanzadas por los drones de Obama en Afganistán y Pakistán, el sangriento caos en Libia, la profunda tierra arrasada de Iraq, la muerte y  destrucción causada por todos lados por la intervención del Ejército de los Estados Unidos de América. Ucrania, Honduras, El Salvador, Guatemala, Chile, sigue nombrando – tu país lo bombardeó o destruyó su vida civil de una manera fundamental.

Cuando escuché todas las proclamas de apoyo al ejército estadounidense de parte de los oradores en la Convención Nacional Demócrata, me dieron asco. Sentí asco por cada uno de ustedes. Supe en mis entrañas que lo que me enseñaron cuando niña era cierto, que USTEDES son el enemigo. USTEDES son el país del que hay que cuidarse. USTEDES son el país que debe provocar repulsión. USTEDES son los ignorantes. Y su codicia y autocomplacencia e injustificado orgullo no conoce fronteras.

No soy una estadounidense esta noche. Rechazo a mis ancestros puritanos que tocaron esta tierra en 1648. Rechazo las palabras que pronuncié en mi ceremonia de ciudadanía. Rechazo cada momento de emocionante descubrimiento que he tenido en este país.

Ustedes gente no tienen idea de lo que es para la gente de otros países escuchar su fanfarronería y sus alabanzas por sus armas y sus bombas y sus soldados y sus líderes militares y sus criminales de guerra y su Comandante en Jefe asesino y sin conciencia. Todo ese vocerío retumbante es recibido por el resto de nosotros, por nosotros que no somos estadounidenses, por todas las células de nuestro cuerpo, como absolutamente repugnante y obsceno.

Y allí están todos ustedes esta noche, pegados a sus televisores y sus computadoras, con sus corazones exudando orgullo porque pertenecen a la nación más poderosa del planeta, dando gritos de aliento a su Presidente Asesino. Indiferentes a la repulsión del mundo entero. Ustedes matan y matan y matan, y aún se mantienen orgullosos.

Somos bufones.