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Luis Hernández - Mercurio o el tiempo que fue (y otros poemas)

Kenneth Patchen - Poemas

E. A. Westphalen - Belleza de una espada clavada en la lengua

Poemas

Kenneth Patchen

Textos escogidos de una antología publicada por la
U.N.A.M. (Material de Lectura n° 116 - México, 2012).
Las versiones en castellano son de Alberto Blanco.

Kenneth Patchen nació y murió en Estados Unidos
(Niles, Ohio, 1911 — Palo Alto, California, 1972).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ACEPTEMOS LA LOCURA

 

Aceptemos la locura abiertamente, hombres
De mi generación. Sigamos
Los pasos de esta edad destrozada:
Mirémosla cruzar la tierra opaca del Tiempo
Hacia la casa cerrada de la eternidad
Con el ruido que la muerte tiene,
Con el rostro de las cosas muertas y que no se diga:

Que queríamos más; buscamos para encontrar
Una puerta abierta, una hazaña absoluta del amor
Que transformara la aciaga oscuridad del día;
pero
Encontramos infierno y niebla
Sobre la tierra, y en nosotros mismos
Un pantano descompuesto de tumbas descomunales.

 

 

 

 

EL LOBO DEL INVIERNO

 

El lobo del invierno
Devora caminos y pueblos
En su hambre de hielo.

El lobo del invierno
Mete la pata en la olla rancia de la ciudad
Agitando la sopa de putas y suicidas.

Oh el lobo del invierno
Rompe los huesos del pobre
En su caverna congelada.

El lobo del invierno…
El torvo, el frío, el blanco
El bello lobo del invierno
Que se alimenta de nuestro mundo.

 

 

 

 

LA ZORRA

 

Si al menos alumbrara el sol esta noche

Porque la nieve es profunda
Sin mancha y blanca en el aire blanco

Porque cojea un poco-sangra
Por los disparos

Porque los cazadores tienen rifles
Y los perros tienen sombras de verdugos

Porque quisiera tomarla en mis brazos
Y atender su herida

Porque no puede morirse
Con el pequeño en el vientre

No sé qué decir de un soldado moribundo
Porque en la muerte no hay proporciones.

 

 

 

 

EL ORIGEN DEL BEISBOL

 

Alguien ha estado entrando y saliendo
Del mundo sin llegar al fin
A ninguna conclusión.
El sol estaba fuerte casi todo el tiempo.
No había suficientes pájaros
Y las colinas se veían ridículas
Cuando se subió al montículo.
Las chicas en el cielo, sin embargo,
No quisieron preguntar la hora,
Como cuando alguien quiere que le cuenten
Un chiste — “El tiempo”; decían, “¿qué quiere
Decir eso del tiempo?” riéndose
De lado con sus bocas blancas, como alas
De papel en un manicomio. Y él tropezando
Con el general Sherman o con Elizabeth B.
Browning, refunfuñaba: “¿Qué no pueden
Quitar sus alotas del pasillo?” Pero allá abajo
De nueva cuenta millones de personas sin
Comida suficiente y hombres armados
Disparando a diestra y siniestra.

Así que quiso tirar algo
Y agarró una pelota de beisbol.

 

 

 

 

GAUTAMA EN EL PARQUE DE LOS VENADOS EN BENARÉS

 

En una choza de lodo y fuego
Está sentado este hombre —“No desear
Dinero, una vida en el mundo,
No querer adornos en mi nombre”—
Y era rico; su vida vive allí
Donde la muerte no puede llegar; su honor
Clava la vista en el sol.

El ciervo duerme. Los vientos ligeros
Rizan la verde cabellera de la tierra. Es
Maravilloso vivir. Mi sable se oxida
En la plácida lluvia. No debo pensar
Más. Toco el rostro de mi amigo;
Me muestra los dientes sucios mientras se rasca
Una pulga —y sonreímos. Hace calor
Y el arroz se agita en nuestros vientres
Con provecho.

El ciervo levanta la cabeza —el sol inunda
Sus ojos suaves con los reinos de la vida—
Creo que todos debemos irnos a dormir ya,
Y no preocuparnos más.

 

 

 

 

EL BLUES DEL MUCHACHO SOLITARIO

 

Oh nadie es mucho tiempo
No existe el gran bolsillo
Donde poner
Algunas bellas cosas que

Jamás han sucedido

A nadie con excepción
De aquéllos con tal suerte
Que nunca nacieron
Oh solitario es un mal sitio

Para estancarse

Sólo contigo mismo
Montando de aquí para allá
En
Un caballo blanco y ciego
En un camino desierto para ver
A todos
Tus amigos cara a cara

Nadie es mucho tiempo

 

 

 

 

LES DEJAMOS EL PLACER

 

Les dejamos el placer en la tierra:
Hierba quemada en el sol; cuerpos
De agua, preciosos al paso de los años,
Sin alas para nosotros;
Las inmensas maravillas estelares; los muebles
Del Espacio hechos astillas en el corazón;
La imagen cínica del humo que se eleva
Desde los hogares que nunca tuvimos.

Les dejamos los mares en las playas abrasadas;
El hierro retorcido en las enredaderas
De nuestras tumbas: el estruendo ensordecedor
Del silencio sobre todas las cosas.
Apártense del cuerpo rebelde: aquí,
La verdad desnuda de la hierba;
El rostro del espíritu nublado
Por la ceguera. Basta.
Los dejamos.

 

 

 

 

ESTÁ BIEN OSCURO, JACK...

 

Está bien oscuro, Jack
Y las estaciones allá afuera no se identifican
Estamos totalmente ciegos, como ratas quemadas
Se está acabando
A nuestro alrededor
Las huellas de la bestia, una bestia de la que nadie
sabe nada
Los ojos en blanco
De algo allá arriba
Algo que ni siquiera sabe que existimos
Me huele a corazones rotos allá arriba, Jack
Un corazón roto en el centro de las cosas—
Y nosotros no contamos para nada

 

 

 

 

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