El dios de la epidemia

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Un cultivo del SARS-CoV-2 visto por un microscopio electrónico. (NIAID-RML)
Un cultivo del SARS-CoV-2 visto por un microscopio electrónico. (NIAID-RML)

Había una vez un viejo y sabio hombre sentado bajo un árbol, cuando el dios de la epidemia llegó de paso. El hombre sabio le preguntó: “¿Adónde vas?” El dios de la epidemia respondió: “Voy a la ciudad y mataré a un centenar de personas allá”. En su viaje de regreso, el dios de la epidemia fue donde el hombre sabio. El hombre sabio le dijo: “Me contaste que querías matar a un centenar de personas en la ciudad. Pero los viajeros me han contado que han muerto diez mil”. El dios de la epidema dijo: “Yo sólo maté a un centenar. Los otros murieron por su propio temor”.

Alegoría Budista Zen

Citado por Rosemary Frei, como un epígrafe, en: Where’s the Evidence Supporting the Drastic Measures Against COVID-19? — ¿Dónde está la evidencia apoyando las drásticas medidas contra COVID-19?

Traducido por contranatura.org
English version in page 2.

No es necesario hablar de nada

Un indio Mandan sobre un coracle hecho de piel de bisonte sobre un bastidor de ramas de sauce, en Dakota del Norte, EE. UU. Fotografía: Edward S. Curtis c. 1901-1910

Un poema de Ósip Mandelstam escrito en 1909, traducido por Jesús García Gabaldón, extraído de Ósip Mandelstam. Antología poética (Alianza editorial, Madrid, 2020).

No es necesario hablar de nada
ni estudiar nada.
Es tan triste y buena
la sombría alma animal.

Nada quiere enseñar.
Hablar no puede.
Y como un joven delfín
navega por la ciénaga del mundo.

1909

Ósip Mandelstam
Traducción de Jesús García Gabaldón

“Hasta la vista, chicos”

El 25 de agosto de 2021, Alessandro La Fortezza, profesor de una escuela pública en Italia, difundió una carta despidiéndose de sus alumnos, explicando su rechazo al “pasaporte verde”. Documento extraído del blog Contra el encierro, traducido por counterpropaganda.

Queridos alumnos:

En junio nos dijimos hasta la vista, pero hoy tengo que deciros que quizá no nos veamos en el instituto en septiembre.

Si no se modifican las disposiciones actuales, me suspenderán de la enseñanza por no haber presentado el pase verde.

Tal vez, aunque nunca os he ocultado mis ideas sobre la gestión de la epidemia, pueda parecer extraño o exagerado que no quiera tener un pasaporte verde. Sin embargo, si pensáis en todo lo que vuestro profesor de italiano y de historia os ha contado sobre los carnés de partido sin los que no se podía trabajar, o sobre las muchas marcas de infamia que los despotismos de todos los tiempos hacían coser en la ropa de los discriminados, o sobre una niña escondida en una habitación trasera que llenaba su cuaderno con su gruesa letra, entonces podréis entender mi elección.

Ya puedo oír a algunos de vosotros levantando sus escudos: “¡Pero profesor! No es lo mismo”. Soy muy consciente de ello. Nunca es lo mismo. Si las cosas erróneas aparecieran siempre en la historia de la misma manera, seríamos capaces de reconocerlas y defendernos de ellas. En cambio, el mal a menudo trata de engañarnos disfrazándose con colores cambiantes.

El verdadero bien, sin embargo, os revelaré un truco: lo reconocéis inmediatamente por su sencillez, su aparente pequeñez, su humildad.

Fue entonces cuando os dejé respirar libremente sin máscara y vosotros hicisteis lo mismo conmigo. Era cuando respetábamos el tiempo y el espacio del otro, cuando entraba en vuestras casas a distancia sólo después de llamar y pedir permiso, y cuando entendíais si estaba cansado y necesitaba vuestra comprensión.

Ahora bien, puede que no esté allí para velar por vosotros en este difícil momento de la historia, pero, comprendedme, no tendría nada más que enseñaros, si me convirtiera en corresponsable, aunque sea pasivamente, de un instrumento de discriminación como el pase verde; una discriminación que no se basa en la religión, la etnia, el color de la piel o la orientación sexual, sino en la elección y la convicción individuales.

Me vacunaré cuando y si estoy convencido de que es lo correcto, desde luego no para ir a un restaurante, a un concierto o donde sea. Ni siquiera para mantener mi trabajo. Recordemos que “no sólo de pan vive el hombre” (Mt 4,4) y que también está escrito: “Mirad cómo crecen los lirios del campo: no trabajan ni hilan. Pero os digo que ni siquiera Salomón, con toda su gloria, se vistió como uno de ellos” (Mt 6,28). El Señor, pues, “nunca perturba la alegría de sus hijos, sino para prepararles una alegría más cierta y mayor” (Los novios, capítulo VIII). Además, aunque mañana decidiera vacunarme, o si sintiera la necesidad de someterme a un hisopo de diagnóstico, no descargaría el pasaporte verde, para que mis elecciones individuales, sean las que sean, no se conviertan en un motivo de discriminación contra quienes hayan hecho elecciones diferentes.

Esperemos, en cambio, que se produzca un replanteamiento en las conciencias y se abandone el peligroso camino emprendido y que conduce a tristezas e infamias que creíamos superadas.

En ese caso nos volveríamos a abrazar, continuaríamos nuestro viaje juntos, como si nos despertáramos de un mal sueño, y podría volver a deciros: “¡Hasta la vista, chicos!”.

Vuestro profesor, Alessandro La Fortezza

Ciencia y salud

Dos cómics del dibujante y poeta australiano Michael Leunig. Fueron publicados en los periódicos The Age y The Sydney Morning Herald. Las imágenes son cortesía de Michael Leunig. La traducción de los textos es de contranatura.org.

Created by scientists… | Creada por científicos

“Debe ser una cosa buena. Fue creada por científicos.”
(Michael Leunig, 8-feb-2021)

Health | Salud

Miedo | Máscara | Mordaza | Esposas | Obediencia | Depresión
(Michael Leunig, 12-oct-2020)

Matapiojos

Lo que el agua me dio (detalle) | Frida Kahlo (1938)
Lo que el agua me dio (1938) (detalle) | Frida Kahlo

Tres poemas de Elvira Hernández, extraídos de Los trabajos y los días. Antología. Edición y selección de Vicente Undurraga (Lumen, Santiago de Chile, 2016).

MATAPIOJOS

Nada queda de las libélulas
que tapizaron los parabrisas
en los años sesenta.
Los insecticidas les dieron
el toque final.

Las han reemplazado estas maquinillas
con aspas que mapean desde la altura
cómo fumigarnos como a piojos.

ÉPOCA CONTEMPORÁNEA

Así van las cosas.
Suman y se hacinan.
Rezuman.

Es tiempo de moscas cucarachas virus.

Tendré que forzar la puerta
las hojas
la tinta mental
y que puedan entrar los ángeles.

RESTOS

¿Encontraremos los pelos de la vergüenza
las escamas óseas de una verdad agrietada
la vértebra de nuestra historia?

¿Estará en algún lugar del territorio
la mano de la justicia o solo seremos pasto
y gente que escobilla sus trajes?

¿Algo de valientes plaquetas quedará
en la sangre fresca —algunas palabras—
O solo seremos pala de sepultureros?

Los niños corren en busca del Tesoro Escondido
de su Pasado.
……………………….. ¿Los detendremos?

………………………………………………………… Sí.
Los arrojaron al mar
Y no cayeron al mar
Cayeron sobre nosotros.

(marzo del 2001)

Elvira Hernández

Notas:
* En el antepenúltimo verso del primer poema, dice el texto original: “Las han reemplazados…”. Corregimos esta presunta errata.
* Los dos primeros poemas figuran en las páginas 255 y 269 de la antología publicada por Lumen, correspondientes al poemario Pájaros desde mi ventana (2012-2016).
* El tercer poema figura en la página 190, correspondiente al libro Actas Urbe (2000-2008), y tiene la siguiente nota al pie: “Este poema no logró llegar a la contratapa de la revista Rocinante a pesar de los esfuerzos de Virginia Vidal. Originalmente se llamó ‘Poema sin nombre’.”

Carta al editor censurada en el British Medical Journal

Jurisprudencia (1887) | Edvard Munch

El 2 de abril de 2021 la doctora Katya Polyakova, directora de un centro médico en Kent (Inglaterra), escribió una carta al editor del British Medical Journal, respondiendo a un artículo titulado “¿Deben los médicos aplicarse la vacuna del Covid-19?”. El 8 de abril este aviso fue añadido a su comentario: Importante noticia editorial para los lectores: esta es una “respuesta rápida” (comentario online de una tercera persona) y no un artículo en el BMJ. Es citado de forma engañosa en ciertos sitios web y redes sociales. El 12 de abril, el comentario fue censurado; un nuevo aviso decía: esta “respuesta rápida” ha sido removida porque estaba siendo usada para esparcir desinformación…

Querido editor:

Me he vacunado más veces en la vida que la mayoría de personas y poseo una significativa experiencia personal y profesional en relación a esta pandemia, habiendo dirigido un servicio médico durante las dos primeras olas con todas las contingencias que implica.

Sin embargo, es el fracaso para reportar la morbilidad causada por nuestro actual programa de vacunación dentro de los servicios de salud, contra lo que actualmente lucho. Los niveles de enfermedad después de la vacunación no tienen precedentes y el personal sanitario se está enfermando bastante, y algunos con síntomas neurológicos que están causando un gran impacto en el funcionamiento del servicio. Incluso los jóvenes y sanos están ausentes por días, algunos por semanas, y algunos necesitando tratamiento médico. Equipos enteros están fuera de servicio ya que se vacunaron juntos.

En este caso la vacunación obligatoria es estúpida, inmoral e irresponsable, cuando se trata de proteger a nuestro personal y la salud pública. (…) De hecho, está claramente establecido que estas vacunas no ofrecen inmunidad ni detienen el contagio. ¿Por qué lo estamos haciendo? No existen amplios datos de seguridad disponibles (un par de meses de datos de ensayos a lo sumo) y estos productos sólo están bajo una licencia de emergencia. (…)

La gripe es un gran asesino anual, inunda el sistema de salud, mata gente joven, ancianos, enfermos, y sin embargo la gente puede elegir usar o no esa vacuna (que está disponible desde hace bastante tiempo). Y usted puede hacer una lista de varios otros ejemplos de vacunas que no son obligatorias y que sin embargo protegen contra enfermedades con más serias consecuencias.

Usar la coerción y obligar a tratamientos médicos a nuestro personal, y a los miembros del público, especialmente cuando estos tratamientos están todavía en fase experimental, pertenece firmemente a los dominios de una distopía totalitaria, muy lejos de nuestros valores éticos como guardianes de la salud.

Mi familia entera y yo misma hemos tenido el Covid. Así como la mayoría de mis amigos, parientes y colegas. Recientemente he perdido a un miembro relativamente joven de mi familia con enfermedades preexistentes debido a un fallo cardiaco, resultado de una neumonía causada por el Covid. A pesar de esto, nunca me degradaría hasta aceptar que debemos abandonar nuestros principios liberales y el principio internacional de soberanía personal, libre decisión informada y derechos humanos, y apoyar la coerción sin precedentes sobre profesionales, pacientes y personas para que se sometan a tratamientos experimentales con datos de seguridad limitados. Esto, y las políticas que lo impulsan, son un peligro mayor para nuestra sociedad que cualquier otra cosa que hayamos enfrentado en el último año.

¿Qué ha pasado con “mi cuerpo, mi decisión”? ¿Qué ha pasado con el debate científico y abierto? ¿Si no prescribo un antibiótico a pacientes que no lo necesitan porque están sanos, soy una anti-antibióticos? ¿O una negacionista de los antibióticos? ¿No es hora de que la gente realmente piense en lo que está pasando y adónde nos conduce todo esto?

Katya Polyakova
2 de abril de 2021