El dios de la epidemia

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Un cultivo del SARS-CoV-2 visto por un microscopio electrónico. (NIAID-RML)
Un cultivo del SARS-CoV-2 visto por un microscopio electrónico. (NIAID-RML)

Había una vez un viejo y sabio hombre sentado bajo un árbol, cuando el dios de la epidemia llegó de paso. El hombre sabio le preguntó: “¿Adónde vas?” El dios de la epidemia respondió: “Voy a la ciudad y mataré a un centenar de personas allá”. En su viaje de regreso, el dios de la epidemia fue donde el hombre sabio. El hombre sabio le dijo: “Me contaste que querías matar a un centenar de personas en la ciudad. Pero los viajeros me han contado que han muerto diez mil”. El dios de la epidema dijo: “Yo sólo maté a un centenar. Los otros murieron por su propio temor”.

Alegoría Budista Zen

Citado por Rosemary Frei, como un epígrafe, en: Where’s the Evidence Supporting the Drastic Measures Against COVID-19? — ¿Dónde está la evidencia apoyando las drásticas medidas contra COVID-19?

Traducido por contranatura.org
English version in page 2.

Nació un día, para morir otro día

Figura de terracota, representación de Shiva como un asceta, datada entre 501-600 d.C.

Tres poemas de Basavanna (1106-1167), poeta indio nacido en el pueblo de Basavana Bagewadi (Karnataka), traducidos por Mirta Rosenberg en Cantos a Siva, Ed. Astri, Barcelona, 2000.

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El cordero sacrificial traído para la celebración
se comió las hojas verdes usadas para decorar.

Sin saber nada acerca de matar,
sólo buscaba satisfacer su hambre:
nació un día, para morir otro día.

Pero dime:
¿sobreviven los asesinos,
Oh señor de los ríos encontrados?

494

No conozco nada de pulsos ni de métrica
ni de la aritmética de las cuerdas o el tambor;
no conozco yámbicos ni dísticos.

Mi señor de los ríos encontrados,
como nada puede herirte
cantaré como quiera.

820

Los ricos
levantan templos para Siva.
¿Qué puedo yo,
un pobre hombre,
hacer?

Mis piernas son columnas,
mi cuerpo el santuario,
mi cabeza una cúpula
de oro.

Escucha, oh señor de los ríos encontrados,
lo inmóvil caerá,
pero el móvil permanecerá por siempre.

Basavanna
Traducido por Mirta Rosenberg

No entrará la luz

Fotograma de Bleak Moments (Momentos sombríos), película dirigida por el inglés Mike Leigh en 1971.

Tres poemas de Giuliana Mazzetti, extraídos de No entrará la luz (Ediciones de los lunes, Lima, 1994).

CON LAS PALABRAS

Con las palabras voy armando el castillo a colocar al centro exacto de mi silencio.

Con mis silencios obtengo la precisa argamasa que selle a cal y canto todas mis palabras.

A través de estas paredes, sin ventanas, maldigo las ventanas, no entrará la luz, no entrará el aire.

Cuando reine la oscuridad será sólo mi culpa y cuando falte el aire tendré que aprender, por fin, a ser una buena proveedora.

Con tantas palabras a cuestas me aseguro muros altos, queridos, impidiéndome atisbar cualquier mañana inútil.

Colocaré la puerta sobre el suelo y cada vez que el recuerdo me tiente haré girar sus goznes para no olvidar que yo misma me enterré.

LA CASA DE LOS DESCONOCIDOS

La casa de los desconocidos. Todos se miran pero no se reconocen. Cada uno vive en su esquina y no tienen quién les seque el sudor del rostro.

La campana suena todas las mañanas. Se evalúan y se miden y no se ven. Se dicen palabras como garrotes y no se golpean.

Se reproducen tras las puertas y luego salen multiplicados, pero sin filiación alguna.

Los desconocidos semejan árboles, enhiestos y secos tras la lluvia ácida de su día primero. Duermen con los ojos abiertos, vigilan los ruidos de las madrugadas y amanecen lastimeros con ojos de cristal trizado.

Ellos viven en paz. La paz del sepulcro.

LAS PRESENCIAS SON MÁS HONDAS

Las presencias son más hondas que la soledad, la luz enceguece y acaba quemando nuestras torpezas. Bienaventurada la oscuridad.

El dolor es una joya a suspender de las orejas. El escarnio se sienta a mi mesa cada vez que me desnudo.

Brazos horadados como flores brotando de un cadáver. Gusanos blancos y gordos sobre el plato y todas las noches retornar al féretro, descansar los huesos entre rasos crujientes y esperar al miedo que se acomoda hábilmente en el menor lugar.

Arterias como mangueras regando miserias. No existe ciencia cuando el dolor es azul. Hay niños que nacen con un ataúd bajo el brazo.

Giuliana Mazzetti

* Textos extraídos de las páginas 51, 71 y 87 del poemario titulado No entrará la luz, publicado en Lima en 1994 por Ediciones de los lunes.

Agamben, locura y pandemia

Playa de Agua Dulce en Lima, Perú, observando los protocolos sanitarios en el marco de la pandemia del nuevo coronavirus. El ingreso es con una cita previa y carnet de vacunación. (Foto: ANDINA)

Fragmento de un artículo de Amador Vega comentando el último libro de Giorgio Agamben, que explora los 36 años que el poeta alemán Friedrich Hölderlin (1770-1843) vivió en una torre al borde del río Neckar, en la ciudad de Tubinga. Fue publicado el 30 de mayo de 2021 en el diario español La Vanguardia; y en el Semanario Universidad de la Universidad de Costa Rica.

El último libro, aún no traducido, del filósofo Giorgio Agamben (La follia di Hölderlin. Cronaca di una vita abitante) termina con estas palabras: “Desde hace casi un año vivo cada día con Hölderlin, en los últimos meses en una situación de aislamiento en la que no habría creído nunca llegar a encontrarme. Al despedirme ahora de él, su locura me parece totalmente inocente respecto de aquella en la que toda una sociedad se ha precipitado sin darse cuenta”.

La locura colectiva a la que se refiere el filósofo italiano es la generada entre todos nosotros a causa de la pandemia en que habitamos. Desde muy al comienzo, Agamben se pronunció críticamente1 –con vehemencia y para disgusto de muchos– acerca de las medidas adoptadas por las distintas administraciones para tratar de contener la expansión del virus en Italia.

Lo plasma en la edición ampliada de ¿En qué punto estamos?2 De pronto se activaron medidas que solo habían sido adoptadas durante las dos guerras europeas –ni tan siquiera entonces con tanta dureza– y que Agamben no dudó en calificar de “Estado de excepción”: primero confinamiento, después distancia social y, en definitiva, un aislamiento que amenaza con convertirse en hábito.

A esto hay que añadir todavía la diseminación del miedo, gestionado por los políticos y trompeteado apocalípticamente por los medios de comunicación, así como la creciente imposición, por parte de la ciencia, de un modelo de salud sostenido sobre el concepto de vida biológica, el cual se ha llevado por delante lo que quedaba de una idea de vida afectiva y espiritual.

(…)

Aquí toca citar de nuevo a Hölderlin: “Si intento deletrear la lección política que me ha parecido poder sacar de la vida habitante del poeta en la torre sobre el Neckar –continúa Agamben en la cita con la que hemos empezado–, quizá tan solo me queda balbucear y balbucear. No hay lectores. Solo hay palabras sin destinatario”. Pero la palabra, decía un viejo maestro alemán, tiene gran fuerza y, por eso, la locura de Agamben en su encierro con Hölderlin consiste en dar testimonio de esa locura: una palabra que no cura, pero salva.


Notas

  1. Una colección actualizada y multilingüe de estas intervenciones críticas está disponible en Aphelis.
  2. ¿En qué punto estamos? La epidemia como política; editado por Adriana Hidalgo en Buenos Aires, 2020. Existe un e-book libre, traducido y editado por Artillería inmanente.

Poderes mágicos

Hombre de mar (1898) | Virginie Demont-Breton

Tres poemas de Blanca Varela, extraídos de: Canto Villano. Poesía reunida 1949-1994. Fondo de Cultura Económica, México, 1996.

PODERES MÁGICOS

No importa la hora ni el día
se cierran los ojos
se dan tres golpes con el
pie en el suelo,
se abren los ojos
y todo sigue exactamente igual

A LA REALIDAD

Y te rendimos diosa
el gran homenaje
el mayor asombro
el bostezo

NOCHE

vieja artífice
ve lo que has hecho de la mentira
otro día

Blanca Varela

Fatiga

Muchacha durmiendo (1657) (detalle) | Johannes Vermeer

Tres poemas de Aldous Huxley, originalmente publicados en 1918 y 1920; extraídos de: Poesía completa. Edición bilingüe y traducción de Jesús Isaías Gómez López. Cátedra, Madrid, 2011.

FATIGA

La mente ha perdido su aristotélica elegancia de forma: sólo hay una oscuridad donde pompas e ilógicos globos emergen hasta hacer estallar sus luminosos carrillos y esfumarse.

Una mujer con una cesta en la cabeza: un farol chino un tanto torcido: el difuso abultamiento brillante de los frascos de las farmacias; y luego en mis oídos el ruido distante de una impresionante riada humana. Y frases, frases —

Solo es un asunto de alforjas,
Stane Street y Gondibert,
potros en Islandia (¿o era potros en áspic?).

A medida que ese rojizo diablillo se aparta con una insolente protuberancia en el trasero, tomo conciencia de que su encrespado rabo de perrillo faldero es el botón de un timbre eléctrico. Pero eso no me inquieta tanto como la vista de todas estas bruñidas estatuas centelleando con luces largas, todas ellas grotescas y todas ellas colosales.

EL DECAMERÓN

El mediodía, bajo la espesa sombra de los árboles,
vibrando de calor, con el sonido de los laúdes se estremece:
medio ensombrecida, medio soleada, una gran fuente de frutas
reluce púrpura y dorada: las vasijas de vino
frescas en sus cuévanos de nieve: se atemperan y brillan los colores:
terciopelo oscuro, donde entre las hojas un rayo de sol se dispara,
partiéndose en un cristal de escarlata: unos dedos que pulsan las raíces
mantienen el lánguido tiempo hasta el suave y lento declive de la música.

De pronto, de la puerta sale un grito,
espantosas risas entrecortadas, apenas humanas por el sonido;
unas demacradas manos arañadas se abren paso entre las rejas desesperadamente,
agarrándose firmemente al perfumado aire, mientras en el suelo
yace la pobre carroña castigada por la peste, que se ha encontrado con
fuerzas para arrastrarse a morir maldiciendo al sol.

TRANQUILIDAD VERANIEGA

Las estrellas son instantes dorados en el profundo
e inmaculado espacio de la noche; la luna se ha puesto:
el río duerme, extasiado, un suave y sereno sueño
que parece tan inmóvil que olvido
los huecos puentes retumbantes, donde se desliza,
sombrío por las tristes miradas que soporta,
hacia un mar cuyas mareas sin retorno
arrebatan los avistados barcos y el canto de los marineros.

Aldous Huxley
Traducido por Jesús Isaías Gómez López

Notas:
* “Fatiga” fue originalmente publicado en Leda (Chatto & Windus, Londres, 1920). La edición de Cátedra lo incluye en el Apéndice 2, Poemas en prosa de Leda, p. 601, con las siguientes notas: a) Stane Street es una vía romana que enlaza la pequeña ciudad de St. Albans, al sur del condado de Hertfordshire (a unos 35 km al norte de Londres), con la ciudad de Colchester, en el condado de Essex. b) Gondibert es un poema épico publicado en 1651 por el poeta y dramaturgo inglés sir William D’Avenant (1606-1668) (…) que escribió como preso condenado a muerte por Oliver Cromwell en la Torre de Londres, (y) contó desde entonces y hasta nuestros días con el rechazo unánime de la crítica, siendo reprobado especialmente por su tono marcadamente afectado y de pésimo gusto. c) Áspic, según definición dada por el Diccionario de la lengua española, RAE (22.ª ed.): “Plato frío, especialmente de carne o pescado, que se presenta cubierto de gelatina en un molde”.
* “El Decamerón” y “Tranquilidad veraniega” fueron originalmente publicados en The Defeat of Youth & Other Poems (La derrota de la juventud y otros poemas) (Blackwell, Oxford, 1918); y figuran en las páginas 323 y 291 del tomo editado por Cátedra.