Sobre las tiranías bondadosas

Ilustración de Luca D’Urbino en The Economist, 26 de marzo de 2020.

“De todas las tiranías, una tiranía sinceramente ejercitada por el bienestar de sus víctimas podría ser la más opresiva. Sería mejor vivir bajo magnates ladrones que bajo entrometidos moralistas omnipotentes. La crueldad del magnate ladrón puede a veces descansar, su codicia puede en algún punto ser saciada; pero aquellos que nos atormentan por nuestro propio bien nos atormentarán sin tregua porque lo hacen con la aprobación de su propia conciencia. Podrían muy probablemente ir al Cielo pero al mismo tiempo lo más probable es que conviertan a la tierra en un Infierno. Su misma bondad punza como un intolerable insulto. Ser ‘curado’ contra la propia voluntad y curado de estados que podríamos no considerar una enfermedad es ser puesto al nivel de aquellos que no han alcanzado aún la edad de la razón o de aquellos que nunca la alcanzarán; es ser clasificado con los infantes, los imbéciles y los animales domésticos.”

C.S. Lewis, Dios en el banquillo – Ensayos sobre teología y ética
(1970)

Traducido por contranatura.org
English version in page 2

La tiranía llega a Hyde Park

Ilustración recuperada de anti-empire.org

Esta es una versión resumida del artículo de Brendan O’Neill titulado Tyranny comes to Hyde Park, publicado el 5 de abril de 2020 en la revista electrónica Spiked (Londres). | Traducido por contranatura.org

“¿Puedo preguntar qué ejercicio está haciendo, señor, aparte de ejercitar sus pulgares?” El policía luce una perfecta mueca de desprecio. Tengo la impresión de que ha pasado toda su vida laboral esperando ser capaz de recriminar a alguien por estar sentado en un parque, escribiendo un mensaje de texto. “He estado montando bicicleta y caminando y ahora estoy descansando por un par de minutos”, le digo, horrorizado por mis propias palabras; horrorizado de tener que explicar un comportamiento perfectamente seguro y legal a un agente del estado como si estuviera en la Unión Soviética en vez de estar sentado en un parque en el corazón de Londres. “Bueno, muévase”, dice, amenazante y regodeándose como un personaje de una novela de Kafka.

Como a todos los londinenses, me encanta Hyde Park. Ni siquiera es realmente un parque, como muchos escritores a lo largo de las décadas han observado: es un pedazo de campo arrojado en medio de una ciudad briosa, sin cambiar nunca, por más que lo hagan sus alrededores. Es ancho, serpenteante y libre. Pero hoy día lo detesto. Está plagado de policías. Zumban alrededor en bicicletas, buscando a parejas sentadas bajo los árboles para regañarles. Marchan alrededor del perímetro, ladrando “DOS METROS” a gente que mantiene más de dos metros de distancia. Patrullan en camionetas, contaminando este maravilloso espacio con los gases de sus tubos de escape y con sus dictados gritados a través de las ventanillas. Un policía en camioneta, pasando por el lago Serpentine, grita “Prohibido sentarse” a un hombre que está sentado. Tomo una fotografía de la escena y rápido como un rayo la camioneta se detiene frente a mí. “Pensé en pararme y saludarle mientras nos sube a Youtube sólo por recordarle a la gente los lineamientos del gobierno”, dice el policía desde el asiento delantero. Oh, al carajo.

Esta es la cuestión: Hyde Park, en este hermoso día soleado, es la prueba de que la gente en esta ciudad está tomando la cuarentena con seriedad. Asombrosamente, hay pocas personas para ser un domingo soleado. Y aquellos que están aquí, cumplen las órdenes de distanciamiento social impecablemente. (…) Y a pesar de que las personas en Hyde Park se comportan responsable y razonablemente, la policía no los deja tranquilos. Después de recriminarme por ejercitar mis pulgares —humor policial, ¿eh?— ese policía le dice a una joven familia que se ponga en movimiento. Los pequeños niños podrían estar cansados, pero son resistentes: a sacar el culo de aquí, plebeyos macilentos. Un policía en bicicleta le dice a un hombre sentado bajo un árbol, solo y sin un alma a la vista, que deje de ser egoísta y que se vaya a casa. “Es hora de pensar en los demás, ¿no?”, le dice. Entonces ya no me puedo contener. Le pregunto qué ley está invocando para mandar al hombre a su casa. “Los lineamientos”, responde. “Se supone que todos deben quedarse en casa este fin de semana”. Le indico que no hay ley prohibiendo a la gente salir durante el fin de semana. Todavía podemos ejercitarnos, todavía podemos hacer compras, todavía podemos comprar comida con el propósito de, ya saben, mantenernos con vida. Y, no es broma, me respondió que la ley es defectuosa y que él se toma la libertad de recordarles a las personas que quedarse en casa es la opción correcta. Esto es indignante. Le digo que la gente como él meramente debe hacer cumplir la ley diseñada por políticos electos, no inventar sus propias leyes. Se va pedaleando, riendo.

¿Cómo nos convertirmos en este país tan rápidamente? ¿Cómo Hyde Park pasó tan raudamente de ser un espacio libre y abierto a ser un lugar virtualmente ocupado por la policía, que acosa a las personas por no hacer ningún mal? De hecho, a las únicas personas que vi rompiendo los lineamientos de distanciamiento social en Hyde Park fueron los agentes policiales. Incluyendo al que se me puso en la cara y me regañó por escribir un mensaje de texto. Atrás, policía — no sé lo que me puedes contagiar. Esta es la cuestión: la velocidad con la que todo esto ha ocurrido, la facilidad con la que la policía tomó su nuevol rol represor de un comportamiento perfectamente legal e inocuo, la alegría con la que twiteros moralistas y espías caseros abrazaron su rol consistente en insultar y avergonzar a las personas por sentarse en un parque, confirma que esta cultura podrida ya estaba aquí. La Covid-19 puede haber llegado recién, pero este autoritarismo elitista y fanático ha estado cocinándose por décadas, y el virus es meramente un catalizador para su rancia explosión en todos los rincones de la vida pública. (…)

Brendan O’Neill, Tyranny comes to Hyde Park

“Les mostraré un estado policial…”

(AP/Jakub Mosur)

Esta es la transcripción de los primeros cuatro minutos y medio de la charla TED@250 ofrecida por Nick Hanauer en agosto de 2014 (Nueva York), publicada con el título Beware, fellow plutocrats, pitchforks are coming (Cuidado compañeros plutócratas, vienen las horcas). Traducido por contranatura.org

“Yo soy… probablemente no me conozcan, pero pertenezco a ese 1% del que han leído o escuchado, y respondo a cualquier definición razonable de plutócrata. (…) Como la mayoría de plutócratas, también soy un orgulloso capitalista sin remordimientos. He fundado, cofundado o financiado más de treinta compañías en un amplio rango de industrias. Fui el primer inversionista no familiar de Amazon.com. Fui cofundador de una compañía llamada aQuantive, que vendimos a Microsoft por 6 mil 400 millones de dólares. Mis amigos y yo, tenemos un banco. (…) Tengo una amplia perspectiva del capitalismo y los negocios, y he sido recompensado obscenamente por ello, con una vida que la mayoría de ustedes ni siquiera puede imaginar. Múltiples casas, un yate, mi propio avión, etcétera, etcétera, etcétera. Pero seamos honestos. No soy la persona más inteligente que podrían conocer, y ciertamente no soy la más trabajadora. Fui un estudiante mediocre. No tengo nada de conocimiento técnico, no puedo escribir ni una línea de código. Verdaderamente, mi éxito es la consecuencia de una suerte espectacular… de nacimiento, circunstancias y oportunidades. Pero soy bastante bueno en un par de cosas, realmente. Una, es que tengo una inusual y alta tolerancia al riesgo. Y la otra, es que tengo una buena percepción, una buena intuición acerca de lo que pasará en el futuro, y esta intuición sobre el futuro es la esencia del buen emprendimiento. Entonces, ¿qué veo en el futuro, si hoy me preguntan? Veo horcas. Muchedumbres enojadas, con horcas. Porque mientras los plutócratas vivimos en el extremo de la avaricia, el otro 99% de nuestros conciudadanos está cayendo cada vez más y más. (…) El problema no es que tengamos algo de desigualdad. Algo de desigualdad es necesaria para el buen funcionamiento de una democracia capitalista. El problema es que la desigualdad está batiendo récords históricos, y empeora cada día. Y si la riqueza, el poder y los ingresos continúan concentrándose en la punta de la pirámide, nuestra sociedad va a cambiar de una democracia capitalista a una sociedad rentista neofeudal, como la Francia del siglo XVIII. Ya saben, eso era Francia, antes de la revolución y de las muchedumbres con horcas. Por lo tanto, tengo un mensaje para mis compañeros plutócratas, supermillonarios y para cualquiera que viva encerrado en una burbuja: despierten. Despierten, esto no puede durar. Porque si no hacemos algo para arreglar la flagrante desigualdad económica en nuestra sociedad, las horcas vendrán por nosotros. Porque ninguna sociedad libre y abierta puede soportar esta clase de galopante desigualdad económica. Nunca ha ocurrido. No hay antecedentes. Muéstrenme una sociedad altamente desigual, y yo les mostraré un estado policial, o un levantamiento”.

Nick Hanauer, Cuidado compañeros plutócratas, vienen las horcas
Beware, fellow plutocrats, pitchforks are coming
Nueva York, agosto de 2014. TED@250 (Video | 0:12 – 4:30 min)

La negación de la naturaleza trágica de la vida

Edvard Munch - Hombre y mujer (1898)
Edvard Munch, Hombre y mujer (1898)

“La creencia en la realidad de una ficción psiquiátrica, como la enfermedad mental, no puede ser disipada por razonamiento lógico al igual que la creencia en la realidad de una ficción religiosa, como puede ser la vida después de la muerte. Esto es porque, entre otras cosas, la religión es la negación del fundamento humano del significado y de la finitud de la vida; esta genuina negación permite a aquellos que anhelan un fundamento teo-mitológico del sentido y que rechazan la realidad de la muerte, a teologizar la vida y encargar su manejo a los profesionales del clero. Similarmente, la psiquiatría es la negación de la realidad del libre albedrío y de la naturaleza trágica de la vida; esta genuina negación les permite a aquellos que buscan una explicación neuro-mitológica de la oscuridad humana y que rechazan la inevitabilidad de la responsabilidad personal, a medicalizar la vida y encargar su manejo a los profesionales de la salud.”

Thomas Szasz, La enfermedad mental sigue siendo un mito

Fragmento del artículo publicado en la revista SOCIETY, Mayo-Junio 1994, N° 31 (4), pp. 34-39. | Traducido por contranatura.org

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El dios de la epidemia

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Un cultivo del SARS-CoV-2 visto por un microscopio electrónico. (NIAID-RML)
Un cultivo del SARS-CoV-2 visto por un microscopio electrónico. (NIAID-RML)

Había una vez un viejo y sabio hombre sentado bajo un árbol, cuando el dios de la epidemia llegó de paso. El hombre sabio le preguntó: “¿Adónde vas?” El dios de la epidemia respondió: “Voy a la ciudad y mataré a un centenar de personas allá”. En su viaje de regreso, el dios de la epidemia fue donde el hombre sabio. El hombre sabio le dijo: “Me contaste que querías matar a un centenar de personas en la ciudad. Pero los viajeros me han contado que han muerto diez mil”. El dios de la epidema dijo: “Yo sólo maté a un centenar. Los otros murieron por su propio temor”.

Alegoría Budista Zen

Citado por Rosemary Frei, como un epígrafe, en: Where’s the Evidence Supporting the Drastic Measures Against COVID-19? — ¿Dónde está la evidencia apoyando las drásticas medidas contra COVID-19?

Traducido por contranatura.org
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