Y de pronto anochece

La muerte de Abel (1552) | Jacopo Tintoretto

Dos poemas de Salvatore Quasimodo (1901-1968), extraídos de: El ciervo en la fuente (Versiones poéticas de Ricardo Silva-Santisteban), Tomo I, Alastor Editores / Universidad Ricardo Palma, Lima, 2019.

Y DE PRONTO ANOCHECE

Cada cual está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol:
y de pronto anochece.

ELEGÍA

Helada mensajera de la noche,
límpida has retornado a los balcones
de las casas destruidas, encendiendo
tumbas desconocidas y abandonados restos
de la tierra humeante. Aquí reposa
nuestro sueño. Y retornas solitaria
al norte, donde todo se apresura
sin luz hacia la muerte, y tú resistes.

Salvatore Quasimodo
Traducción de Ricado Silva-Santisteban
Extraído de El ciervo en la fuente, Tomo I, Alastor Editores / Univ. Ricardo Palma, Lima, 2019 (p. 467).

A un funcionario

Autorretrato en Weimar (1906) | Edvard Munch

Cuatro poemas de Carmen Ollé, extraídos de: Todo orgullo humea la noche, Lluvia Editores, Lima, 1988.

A UN FUNCIONARIO

Nada hay más transparente que un beso oculto, o más
tierno que un tigre, ni tan suave como el sonido de
la seda en un soneto.

AMOR Y ODIO

De joven fui generosa.
Llené mis arcas con codicia
y también las vacié.

CUARTETA

Yo, Carmen, tu mujer, amo tus labios
mentirosos
pues yo soy la más gruesa, la de mejor
salud y la más mentirosa.

BARES

Vivir es alegre —los he oído reír cada vez
más fuerte— y seguían cada vez mas alegres—
la noche se apiada de mí porque no siento
vergüenza.
Y una más pide el más ronco —que traga sin ser
procaz— porque es suave y delicado —adora la
botella como una nalga de mujer—
a grandes sorbos.
Aquél sí es de lo peligrosos: roba mata miente
y es astuto — pero cuando pasa próximo a mi mesa
sus grandes ojos de arañas sedosas se deslizan
como un tigre en mi regazo — Por fin siento
que he viajado—

Carmen Ollé
Extraído de Todo orgullo humea la noche, Lluvia Editores, Lima, 1988 (pp. 26, 30, 13, 11).

Bares

Bar de puerto (1940) | Carlos Quízpez-Asín | Óleo sobre lienzo
Bar de puerto (1940) | Carlos Quízpez Asín

Tres poemas de Nicolás Guillén, extraídos de: Nueva antología mayor, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1979.

BARES

Amo a los bares y tabernas
junto al mar,
donde la gente charla y bebe
sólo por beber y charlar.
Donde Juan Nadie llega y pide
su trago elemental,
y están Juan Bronco y Juan Navaja
y Juan Narices y hasta Juan
Simple, el sólo, el simplemente
Juan.

Allí la blanca ola
bate de la amistad;
una amistad de pueblo, sin retórica,
una ola de ¡hola! y ¿cómo estás?
Allí huele a pescado,
a mangle, a ron, a sal
y a camisa sudada puesta a secar al sol.

Búscame, hermano, y me hallarás
(en La Habana, en Oporto,
en Jacmel, en Shanghai)
con la sencilla gente
que sólo por beber y charlar
puebla los bares y tabernas
junto al mar.

LLUVIA

Bajo el cielo plomizo
de la tarde lluviosa,
llora el agua con lágrima
monótona.

Miro tras los cristales
las ramas temblorosas
enjoyarse con sartas
de gotas.

Se desbordó el arroyo,
inundó cuatro chozas.
(A mí me sobresalta la odisea de esta hormiga,
ahogada en una rosa.)

MAR

Ahora
está inédito,
nuevo,
sin estrenar,
el mar.

Nicolás Guillén
Extraído de Nueva antología mayor, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1979 (pp. 174, 25, 23).

Nació un día, para morir otro día

Figura de terracota, representación de Shiva como un asceta, datada entre 501-600 d.C.

Tres poemas de Basavanna (1106-1167), poeta indio nacido en el pueblo de Basavana Bagewadi (Karnataka), traducidos por Mirta Rosenberg en Cantos a Siva, Ed. Astri, Barcelona, 2000.

129

El cordero sacrificial traído para la celebración
se comió las hojas verdes usadas para decorar.

Sin saber nada acerca de matar,
sólo buscaba satisfacer su hambre:
nació un día, para morir otro día.

Pero dime:
¿sobreviven los asesinos,
Oh señor de los ríos encontrados?

494

No conozco nada de pulsos ni de métrica
ni de la aritmética de las cuerdas o el tambor;
no conozco yámbicos ni dísticos.

Mi señor de los ríos encontrados,
como nada puede herirte
cantaré como quiera.

820

Los ricos
levantan templos para Siva.
¿Qué puedo yo,
un pobre hombre,
hacer?

Mis piernas son columnas,
mi cuerpo el santuario,
mi cabeza una cúpula
de oro.

Escucha, oh señor de los ríos encontrados,
lo inmóvil caerá,
pero el móvil permanecerá por siempre.

Basavanna
Traducido por Mirta Rosenberg

No entrará la luz

Fotograma de Bleak Moments (Momentos sombríos), película dirigida por el inglés Mike Leigh en 1971.

Tres poemas de Giuliana Mazzetti, extraídos de No entrará la luz (Ediciones de los lunes, Lima, 1994).

CON LAS PALABRAS

Con las palabras voy armando el castillo a colocar al centro exacto de mi silencio.

Con mis silencios obtengo la precisa argamasa que selle a cal y canto todas mis palabras.

A través de estas paredes, sin ventanas, maldigo las ventanas, no entrará la luz, no entrará el aire.

Cuando reine la oscuridad será sólo mi culpa y cuando falte el aire tendré que aprender, por fin, a ser una buena proveedora.

Con tantas palabras a cuestas me aseguro muros altos, queridos, impidiéndome atisbar cualquier mañana inútil.

Colocaré la puerta sobre el suelo y cada vez que el recuerdo me tiente haré girar sus goznes para no olvidar que yo misma me enterré.

LA CASA DE LOS DESCONOCIDOS

La casa de los desconocidos. Todos se miran pero no se reconocen. Cada uno vive en su esquina y no tienen quién les seque el sudor del rostro.

La campana suena todas las mañanas. Se evalúan y se miden y no se ven. Se dicen palabras como garrotes y no se golpean.

Se reproducen tras las puertas y luego salen multiplicados, pero sin filiación alguna.

Los desconocidos semejan árboles, enhiestos y secos tras la lluvia ácida de su día primero. Duermen con los ojos abiertos, vigilan los ruidos de las madrugadas y amanecen lastimeros con ojos de cristal trizado.

Ellos viven en paz. La paz del sepulcro.

LAS PRESENCIAS SON MÁS HONDAS

Las presencias son más hondas que la soledad, la luz enceguece y acaba quemando nuestras torpezas. Bienaventurada la oscuridad.

El dolor es una joya a suspender de las orejas. El escarnio se sienta a mi mesa cada vez que me desnudo.

Brazos horadados como flores brotando de un cadáver. Gusanos blancos y gordos sobre el plato y todas las noches retornar al féretro, descansar los huesos entre rasos crujientes y esperar al miedo que se acomoda hábilmente en el menor lugar.

Arterias como mangueras regando miserias. No existe ciencia cuando el dolor es azul. Hay niños que nacen con un ataúd bajo el brazo.

Giuliana Mazzetti

* Textos extraídos de las páginas 51, 71 y 87 de: No entrará la luz, Ediciones de los lunes, Lima, 1994.