Yendo al colegio para recoger a mi hija

Carmen Ollé y Enrique Verástegui, con su hija Vanessa.

Un poema de Enrique Verástegui, extraído de Angelus Novus (Tomo II, p. 318), coeditado por Ediciones Antares y Lluvia Editores en Lima, 1990.

YENDO AL COLEGIO PARA RECOGER A MI HIJA

(Para Vanessa)

Un sauce con ramas tercamente delicadas
sostiene un lánguido follaje verde pálido destrozándose
……….. como ligera llovizna de flores que se curvan
sobre el auto que pasa lentamente perdido en la mañana.
Una pequeña fábrica arroja desperdicios sobre la vereda soli-
……….. taria.
Flores celestes se incrustan al follaje verde adhiriéndose
……….. pensativo en la pared rosada.
Sobre una vereda contemplo transitar a la gente bellamente a-
……….. purada.

Abro un libro donde el auto que pasa lentamente intranquilo
……….. se dirige hacia su perdición.

Mi hija aún no se aparece pero allí está, esperándome, en el
……….. colegio.
Un chillido de pequeños jilgueros traviesos
atruenan los jardines de la entrada.
Un tormentoso río de cemento grisáceo nos separa.
Estoy parado en una esquina con una flor que señala el libro
……….. donde el auto busca una dirección inservible.
Paredes intensamente violetas con dinteles de yeso blanco,
las ventanas ojivales o cuadradas se mecen en el ramaje de
……….. árboles crecidos como un sueño.
A izquierda y derecha una avenida con árboles oscuros.
Al frente del colegio que abre sus verjas -cruzando la calle-
……….. el sauce aún curvándose
sobre el auto que pasa para recoger los productos de la
……….. fábrica.
Cierro el libro y me acerco al colegio,
mi hija apretándome la mano vuelve a casa ahora conmigo.

— Enrique Verástegui

“La Noche enjoyada y maligna se está adueñando de la ciudad para siempre”

Solitude (1956) - Paul Delvaux
Solitude (1956) Paul Delvaux | Óleo sobre lienzo, 99,5 x 124 cm

Tres poemas de Emilio Adolfo Westphalen, extraídos del libro Belleza de una espada clavada en la lengua (Poemas 1930-1986) (Ediciones Rikchay, Lima, 1986).

DE INCÓGNITO

Se tropieza uno al voltear la esquina con imponente
arboladura de navío penetrando pesada lentamente en ruidosas
calles congestionadas hemipléjicas. El poniente tiñe de púrpura
telas restallantes sobre cubierta desierta. Guiña los ojos
la gente distraída y no advierte cómo la Noche enjoyada y
maligna se está adueñando de la ciudad para siempre.

ERROR DE CÁLCULO

El mar se ha deslizado en el poema como en su cueva y
refugio natural sin tener en cuenta la diferencia de proporcio-
nes. Cuando cedan las costuras bajo el peso, ¿adónde irá a
desaguar todo el azulverde acumulado?

TUMBA GRANDE

El tren se ha detenido en el silencio opaco y sin ecos
de la noche anónima. Es la llegada a término — no se
reanudarán ya más ni agitación ni bullicio ni carcoma.

— Emilio Adolfo Westphalen

Publicados originalmente en la ciudad de Lisboa, en 1982 (“Error de cálculo”, en Máximas y mínimas de sapiencia pedestre) y en 1984 (“De incógnito” y “Tumba grande”, en Nueva serie).

Aceptemos la locura

Tres poemas de Kenneth Patchen, extraídos de la breve antología publicada en la sección de literaturas de contranatura.org — La fuente original es la más amplia antología publicada por la UNAM. Las versiones en castellano son de Alberto Blanco.

ACEPTEMOS LA LOCURA

Aceptemos la locura abiertamente, hombres
De mi generación. Sigamos
Los pasos de esta edad destrozada:
Mirémosla cruzar la tierra opaca del Tiempo
Hacia la casa cerrada de la eternidad
Con el ruido que la muerte tiene,
Con el rostro de las cosas muertas y que no se diga:

Que queríamos más; buscamos para encontrar
Una puerta abierta, una hazaña absoluta del amor
Que transformara la aciaga oscuridad del día;
pero
Encontramos infierno y niebla
Sobre la tierra, y en nosotros mismos
Un pantano descompuesto de tumbas descomunales.

EL LOBO DEL INVIERNO

El lobo del invierno
Devora caminos y pueblos
En su hambre de hielo.

El lobo del invierno
Mete la pata en la olla rancia de la ciudad
Agitando la sopa de putas y suicidas.

Oh el lobo del invierno
Rompe los huesos del pobre
En su caverna congelada.

El lobo del invierno…
El torvo, el frío, el blanco
El bello lobo del invierno
Que se alimenta de nuestro mundo.

GAUTAMA EN EL PARQUE DE LOS VENADOS EN BENARÉS

En una choza de lodo y fuego
Está sentado este hombre —“No desear
Dinero, una vida en el mundo,
No querer adornos en mi nombre”—
Y era rico; su vida vive allí
Donde la muerte no puede llegar; su honor
Clava la vista en el sol.

El ciervo duerme. Los vientos ligeros
Rizan la verde cabellera de la tierra. Es
Maravilloso vivir. Mi sable se oxida
En la plácida lluvia. No debo pensar
Más. Toco el rostro de mi amigo;
Me muestra los dientes sucios mientras se rasca
Una pulga —y sonreímos. Hace calor
Y el arroz se agita en nuestros vientres
Con provecho.

El ciervo levanta la cabeza —el sol inunda
Sus ojos suaves con los reinos de la vida—
Creo que todos debemos irnos a dormir ya,
Y no preocuparnos más.

— Kenneth Patchen
Traducción de Alberto Blanco

English versions in page 2.